Es lo primero que dice mucha gente cuando le preguntas por qué no va al mercado: "Es que es más caro". Y es comprensible pensarlo. Pero cuando te paras a mirar bien, la cosa tiene mucha más miga de lo que parece.
Sí, a veces un tomate del mercado cuesta unos céntimos más por kilo que el del supermercado. Pero ese tomate ha viajado menos, está más maduro y va a durar más días en casa. El del súper, en cambio, puede llevar semanas en una cámara frigorífica y echarse a perder en tres días. ¿Cuál sale más caro al final? La respuesta cambia bastante cuando metes en la ecuación lo que acabas tirando a la basura.
En el mercado compras 200 gramos de lo que necesitas. En el supermercado coges el pack de un kilo porque es el único que hay, aunque sepas que no lo vas a acabar. Esa diferencia, multiplicada por cada producto y cada semana, puede suponer un gasto real mucho mayor del que crees. El mercado te deja adaptar la compra a lo que vas a consumir de verdad
Según varios estudios de consumo, los hogares españoles tiran a la basura de media casi 30 kilos de alimentos al año. Una parte importante de ese desperdicio viene de comprar en formatos más grandes de lo necesario.
En el mercado puedes preguntarle al carnicero qué corte te recomienda para lo que quieres cocinar, o pedirle a la verdulera qué está bueno esta semana. Esa información vale dinero: evita que compres algo que no necesitas, que elijas mal o que pagues de más por un producto que no está en su mejor momento. Es un servicio que en ningún supermercado existe.
El rato que pasas en el mercado no se parece al rato que pasas en un supermercado. Uno es un trámite. El otro puede ser un momento del día que te gusta. Hablar con alguien, descubrir un producto nuevo, saber de dónde viene lo que comes. Eso no sale en el ticket, pero forma parte del valor real de comprar en el mercado municipal.